¿Cómo se forma el autoconcepto en una persona?

¿Cómo se forma el autoconcepto en una persona?

Autoeficacia

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El autoconcepto es la imagen que tenemos de nosotros mismos. Esta imagen se desarrolla de varias maneras, incluso a través de nuestra interacción con personas importantes en nuestras vidas. Obtenga más información sobre el autoconcepto, incluyendo si puede cambiarse y algunas teorías relacionadas con la autoidentidad y la autopercepción.

Nuestra autopercepción es importante porque afecta a nuestras motivaciones, actitudes y comportamientos. También afecta a cómo nos sentimos sobre la persona que creemos que somos, incluyendo si somos competentes o si tenemos autoestima.

El autoconcepto tiende a ser más maleable cuando somos más jóvenes y aún pasamos por el proceso de autodescubrimiento y formación de la identidad. A medida que envejecemos y aprendemos quiénes somos y qué es importante para nosotros, estas autopercepciones se vuelven mucho más detalladas y organizadas.

Cuestionario de autoconcepto

Hasta aquí hemos visto, entre otras cosas, que los seres humanos tienen un autoconcepto complejo y bien desarrollado y que, por lo general, intentan verse a sí mismos de forma positiva. Estos aspectos más cognitivos y afectivos de nosotros mismos no se producen, por supuesto, en el vacío. Están fuertemente influenciados por las fuerzas sociales que nos rodean. Ya hemos aludido a algunas de estas fuerzas; por ejemplo, en nuestra revisión de la teoría de la autoverificación, vimos cómo la retroalimentación de los demás puede afectar a nuestro autoconcepto y estima. También hemos visto cómo nuestros antecedentes socioculturales pueden afectar al contenido de nuestro autoconcepto.

En esta sección, consideraremos con más detalle estos y otros aspectos sociales del yo, explorando las muchas formas en que la situación social influye en nuestro autoconcepto y estima. El yo no se crea de forma aislada; no nacemos con percepciones de nosotros mismos como tímidos, interesados en el jazz o caritativos con los demás, por ejemplo. Más bien, estas creencias vienen determinadas por nuestras observaciones e interacciones con los demás. ¿Eres rico o pobre? ¿Guapa o fea? ¿Inteligente o no? ¿Eres bueno o malo con los videojuegos? ¿Y cómo lo sabes? Estas preguntas sólo pueden responderse observando a quienes nos rodean. El yo sólo tiene sentido dentro del contexto social, y no es erróneo decir que la situación social define nuestro autoconcepto y nuestra autoestima. Dependemos de los demás para que nos proporcionen una “realidad social”, para que nos ayuden a determinar qué pensar, sentir y hacer (Hardin y Higgins, 1996). Pero, ¿qué formas adoptan estas influencias sociales?  A esta pregunta nos referiremos a continuación.

Ejemplos de autoimagen

Los conductistas han elaborado diversas teorías sobre el modo en que las personas desarrollan el concepto de sí mismas. La interacción social es la base de la mayoría de estas teorías. A continuación se presentan cuatro puntos de vista particulares sobre el desarrollo del autoconcepto:

Algunos teóricos creen que una persona se forja un autoconcepto etiquetando sus propios patrones de comportamiento dominantes de acuerdo con lo que es un comportamiento socialmente aceptable e inaceptable. Por ejemplo, ciertos comportamientos se clasifican como sociales y otros se etiquetan como antisociales. Al observar su propio comportamiento, una persona puede empezar a desarrollar una conciencia de que su comportamiento entra en la categoría general de antisocial. Con la confirmación repetida de esta etiqueta, surge una parte del autoconcepto de la persona que desempeña un papel dominante en la forma en que se ve a sí misma.

Una segunda teoría sobre el desarrollo del autoconcepto se denomina valoración reflejada o el yo del espejo. Básicamente, esta teoría sostiene que las valoraciones que una persona recibe de los demás moldean el autoconcepto. El grado de esta influencia depende de las características del evaluador y de su evaluación. En concreto, se dice que el impacto en el desarrollo del autoconcepto de una persona es mayor cuando (1) el evaluador es percibido como una fuente muy creíble, (2) el evaluador tiene un interés muy personal en la persona evaluada (3) la evaluación es muy discrepante con el autoconcepto de la persona en ese momento, (4) el número de confirmaciones de una evaluación determinada es elevado, (5) las evaluaciones procedentes de diversas fuentes son coherentes y (6) las evaluaciones apoyan las propias creencias de la persona sobre sí misma. Las valoraciones de otras personas significativas, como los padres, los amigos íntimos, los colegas de confianza y otras personas a las que el individuo admira mucho, influyen en el desarrollo del autoconcepto.

Yo, autoconcepto e identidad

El autoconcepto es nuestro conocimiento personal de quiénes somos, que abarca todos nuestros pensamientos y sentimientos sobre nosotros mismos física, personal y socialmente. El autoconcepto también incluye nuestro conocimiento de cómo nos comportamos, nuestras capacidades y nuestras características individuales. Nuestro autoconcepto se desarrolla más rápidamente durante la primera infancia y la adolescencia, pero el autoconcepto sigue formándose y cambiando con el tiempo a medida que aprendemos más sobre nosotros mismos.

El psicólogo social Roy Baumeister dice que el autoconcepto debe entenderse como una estructura de conocimiento. Las personas se prestan atención a sí mismas, observando tanto sus estados y respuestas internas como su comportamiento externo. A través de esa autoconciencia, las personas recogen información sobre sí mismas. El autoconcepto se construye a partir de esta información y continúa desarrollándose a medida que las personas amplían sus ideas sobre quiénes son.

Las primeras investigaciones sobre el autoconcepto adolecían de la idea de que el autoconcepto es una concepción única, estable y unitaria del yo. Sin embargo, más recientemente, los estudiosos han reconocido que se trata de una estructura dinámica y activa que se ve afectada tanto por las motivaciones del individuo como por la situación social.