¿Por qué Heráclito considera que todo cambia nada permanece?

¿Por qué Heráclito considera que todo cambia nada permanece?

Flujo heracliteano

“Nada es constante, sino que el cambio” es fundamental en el universo.  El filósofo griego Heráclito fue citado por Platón señalando que “todo cambia y nada permanece quieto”.  Heráclito señaló que no se puede pisar el mismo río dos veces.  El río que uno pisa por segunda vez es diferente de lo que era incluso un segundo antes, ya que la corriente fluye.

Este concepto es fundamental en la ciencia y la medicina.  Comparto con los estudiantes que aceptar y afrontar el cambio es fundamental para su capacidad de atender a las personas.  Precisamente por eso es tan importante el concepto de practicar la Medicina Basada en la Evidencia, porque las directrices y las recomendaciones van cambiando a medida que se obtienen mejores datos. Cuando me formé en medicina interna, se habrían reído de mí (o me habrían echado) si hubiera tratado a un paciente con insuficiencia cardíaca con un betabloqueante.  Hoy, podría ocurrir lo mismo si no lo tuviera en cuenta.

Este último año ha traído muchos cambios en la atención sanitaria.  Las elecciones y la incertidumbre política resultante son un ejemplo.  Se han formado y roto fusiones, adquisiciones y asociaciones estratégicas que alteran la prestación de la asistencia.  La publicación de este mes en Science, que revela la amplitud y la profundidad de las posibilidades de la genómica, es otro punto destacado.

Nada es tan seguro como el cambio

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Heráclito de Éfeso (/ˌhɛrəˈklaɪtəs/;[1] griego: Ἡράκλειτος Herakleitos, “Gloria de Hera”; c. 535 – c. 475 a.C.,[2] fl.  500 a.C.)[3] fue un antiguo filósofo griego, presocrático, jónico y oriundo de la ciudad de Éfeso, que entonces formaba parte del Imperio Persa.

Se sabe poco de la vida de Heráclito. La mayoría de las historias antiguas sobre él son invenciones posteriores. En general, se cree que Heráclito era de familia distinguida, pero que renunció a su vida privilegiada por una vida solitaria como filósofo. Poco más se sabe de su vida y educación. Se consideraba autodidacta y pionero de la sabiduría. Su filosofía paradójica y su aprecio por los juegos de palabras y los enunciados crípticos le han valido el epíteto de “el oscuro” desde la antigüedad. Se le consideraba un misántropo sujeto a la depresión. Por ello, se le conoció como “el filósofo que llora”, en contraste con el antiguo filósofo Demócrito, que era conocido como “el filósofo que ríe”.

La única constante en el universo es el cambio

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Philosophy of Management 18, 157-167 (2019). https://doi.org/10.1007/s40926-018-0097-yDownload citationShare this articleAnyone you share the following link with will be able to read this content:Get shareable linkSorry, a shareable link is not currently available for this article.Copy to clipboard

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Fragmentos de Heráclito

Heráclito de Éfeso, que vivió a principios del siglo V a.C. en Jonia (actual costa occidental de Turquía), era conocido por ser tan oscuro como triste, lo que llevó a pintores de la primera época, como Jan Lievens, a representarlo como el filósofo llorón.

Heráclito debió de ser no sólo un melancólico, sino un personaje formidable. No soportaba a los tontos y ponía el listón de la tontería muy alto. Para él, Hesíodo era un ignorante; Pitágoras, un charlatán; Jenófanes, un poco tonto; Homero, un crédulo: el poeta se dejó engañar por unos niños que le contaron un acertijo: Lo que encontramos lo dejamos, lo que no encontramos nos lo llevamos” (D22 = B56).[1]Las referencias a lo largo de la obra se refieren a los números “D” de Early Greek Philosophy Loeb (9 vols, 2016), editado por André Laks y Glenn Most; los números “B” que siguen se refieren a la numeración anterior de Diels-Kranz (edd.), Die Fragmente der Vorsokratiker (6ª ed., 3 vols, Weidmann, Berlín, 1952). Homero no se dio cuenta de que estos niños hablaban de piojos.

De hecho, según Heráclito, Homero merecía una buena paliza, al igual que Arquíloco (D21 = B42). No es de extrañar, pues, que despreciara a sus conciudadanos de Éfeso y que prefiriera jugar a los dados con los niños que discutir de política con los adultos. Era hijo de un “rey”, que parece haber sido una especie de cargo honorífico más que un rango en esta época, pero renunció al título en favor de su hermano para dedicarse a la filosofía.

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